
Si muchas agencias pueden acceder a tecnologías similares, ¿qué hace que la tuya pueda seguir siendo diferente, seguir diferenciándose y mantener aquello que la hace disruptiva?
La pregunta puede parecer sencilla, pero cobra otro sentido cuando empiezas a incorporar IA a tu forma de trabajar. Porque una agencia no se construye únicamente a partir de las herramientas que utiliza. Hay una manera de plantear los proyectos, de entender a cada cliente, de tomar decisiones y de desarrollar una idea que se ha ido construyendo con el tiempo.
Y precisamente eso es lo que muchas agencias no quieren perder cuando incorporan nuevas capacidades. No quieren que su trabajo empiece a parecer más automático, más uniforme o demasiado parecido a lo que ya están haciendo otras.
Porque si la IA puede ayudar a muchas agencias a hacer cosas similares, la cuestión ya no está solamente en qué tecnología utilizan, sino en cómo consiguen incorporarla sin dejar de diferenciarse.
Una agencia puede incorporar nuevas capacidades sin tener que cambiar aquello que la ha llevado hasta donde está. Puede apoyarse en IA para ganar capacidad, agilizar determinados procesos o ampliar los servicios que puede ofrecer, mientras mantiene su propia manera de trabajar.
Su metodología puede seguir siendo la misma. Su forma de plantear una estrategia también. Su relación con los clientes, su criterio creativo o la manera en la que desarrolla un proyecto no tienen por qué desaparecer porque detrás empiecen a existir nuevas herramientas.
De hecho, quizá ahí esté una de las cuestiones más interesantes de esta incorporación: decidir qué merece la pena potenciar con tecnología y qué forma parte de la identidad de la agencia y merece seguir estando en sus manos.
Cuando aparecen nuevas posibilidades, es fácil pensar que hay que incorporarlas todas. Pero una agencia también puede decidir dónde tiene sentido utilizarlas y dónde no.
Puede utilizar IA para determinadas tareas, automatizar una parte de un proceso, incorporar nuevas soluciones a su catálogo o apoyarse en tecnología para asumir capacidades que antes requerían más recursos. Y, al mismo tiempo, mantener completamente bajo su propio criterio aquellas partes de su trabajo que considera esenciales.
No hace falta que la IA esté presente en cada parte de la propuesta para que forme parte de ella.
Puede estar detrás de determinadas capacidades sin convertirse en la protagonista de todo lo que la agencia hace.
Dos agencias pueden tener acceso a una solución similar y utilizarla de maneras completamente diferentes. Una puede incorporarla como parte de un nuevo servicio; otra puede utilizarla para reforzar un proceso que ya ofrece; otra puede encontrar en ella una forma de ampliar su capacidad sin modificar demasiado su propuesta.
La tecnología puede ser la misma. La forma de integrarla, presentarla y utilizarla puede ser completamente distinta.
Y ahí es donde una solución tecnológica deja de ser simplemente una herramienta y empieza a formar parte de una propuesta propia.
Porque el valor no está únicamente en tener acceso a una determinada capacidad, sino en saber dónde encaja dentro de aquello que la agencia ya ha construido.
Aquí es donde creo que merece la pena cambiar también la forma en la que entendemos el papel de la tecnología dentro de una agencia.
Una agencia no tiene por qué convertirse en una empresa tecnológica para incorporar tecnología a su negocio. Puede seguir haciendo aquello que conoce: estrategia, creatividad, contenido, campañas, consultoría o cualquier otra parte de su propuesta, mientras cuenta detrás con una estructura que le permita ampliar sus capacidades.
Eso también significa no tener que construir absolutamente todo desde cero.
Puede existir una base tecnológica preparada sobre la que la agencia decida qué incorporar, cómo hacerlo y de qué manera convertir esas capacidades en algo coherente con su propia oferta.
La tecnología aporta estructura y posibilidades.
La agencia sigue poniendo el criterio.
También hay una diferencia importante entre tener acceso a una herramienta y contar con una estructura tecnológica que acompañe realmente a una agencia.
Cuando empiezan a incorporarse nuevas soluciones pueden aparecer decisiones, ajustes o necesidades que no estaban previstas inicialmente. En esos momentos, tener detrás asesoramiento, soporte y mantenimiento puede marcar una diferencia importante.
No se trata simplemente de entregar una herramienta y dejar que la agencia descubra por sí sola cómo incorporarla.
Se trata de que pueda contar con una estructura que la acompañe mientras desarrolla nuevas capacidades, sin tener que convertirse en especialista en cada parte tecnológica que hay detrás.
Así, la agencia puede seguir concentrando su energía en aquello que realmente quiere hacer con esas capacidades: integrarlas en su propuesta y utilizarlas para aportar más a sus clientes.
Quizá esa sea una de las formas más interesantes de mirar la incorporación de IA.
No como algo que tiene que sustituir la manera en la que una agencia ha trabajado hasta ahora, sino como una nueva capa que puede ampliar lo que ya existe.
Una agencia puede seguir teniendo su propia voz, su metodología, su manera de crear y su relación con sus clientes. Puede seguir siendo diferente y mantener aquello que la hace disruptiva, mientras incorpora capacidades que le permiten ofrecer más, automatizar determinadas partes de su actividad o explorar nuevas líneas de servicio.
Y eso también cambia la conversación sobre la tecnología.
Porque quizá no se trata de que la IA pase a ocupar el centro de la agencia.
Quizá tenga más sentido que esté detrás, haciendo posible que la agencia pueda llegar un poco más lejos sin dejar de ser ella misma.
La tecnología puede estar detrás.
La identidad sigue estando delante.
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